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domingo, 3 de febrero de 2013

Texto: Una de vampiros


El...¿último vampiro?.

by Carlos B.

(...tiempo atrás, leí esta noticia en un periódico local, y la verdad, me sorprendió tanto, que decidí transcribirla y relatarla a mi manera hace ya unos años, y hoy, mientras organizaba mis documentos, la he encontrado y me he animado a compartirla por aquí).

Esto, mis queridos, es lo que probablemente, ocurrió de verdad.





Todo ocurrió en Marotinu de Sus, una aldea de unos... 700 habitantes, mas o menos, situada al sur de Rumanía, en la región de Celaru, a 50 Km. al este de Craiova.



En ese pueblo de cuento venido a menos, vivía el desafortunado protagonista de esta nuestra historia; Petre Toma. 

El 26 de diciembre de 2003, durante unas lamentables fiestas navideñas, y como colofón para terminar de alegrar las mismas a la familia, el anciano y viudo Petre Toma, falleció dicen, a causa de un cáncer cualquiera o al menos así aparece reflejado en el informe médico y en el certificado de defunción, claro que, según algunos de sus paisanos el óbito se produjo a causa de los lingotazos de vodka y aguardiente acumulados a lo largo de su vida, cosa que tampoco seria de extrañar, y según otros, se murió porque era viejo y esa es la ley de la naturaleza: Se nace, se trabaja, se pagan impuestos, se crece, se pagan impuestos, nos hartamos de sufrir y finalmente entregamos el petate, por supuesto pagando el impuesto reglamentario. Hasta luego Lucas y al hoyo.

Llegado el día del entierro nada raro alteró el normal desarrollo del evento. Nadie cortó la cinta que ataba los pies del anciano, ni nadie tocó las agujas centinelas de su alma. Costumbres rumanas, como cualquier otra costumbre de cualquier otra cultura, y así, el amigo Petre quedó enterrado como mandan los cánones, en el Campo Santo del lugar.

En paz descanse y a otra cosa mariposa.

Se oró por la salvación de su alma. Le lloraron sus seres queridos, vecinos y sus amigotes de toda la vida, y tras tomarse un chupito de Vodka (que no falte) en memoria del finado, regresaron todos a sus casas y aquí paz y después gloria. 

Hasta aquí todo normal.


Tumba del amigo Petre. E.P.D


...pero el asunto comenzó a torcerse a los cinco días del entierro, y es que, como dijo aquel, si algo puede salir mal, saldrá mal.

Mirela Marinescu, sobrina rumana buenorra, como dictan las normas, del difunto Petre, cayó enferma.

Vómitos, fiebre, dolores generalizados y un sin fin de raros achaques se habían apoderado de la buena moza.

...a ver, seamos sinceros, y es que si esta señora viviese en el paraíso occidental, y hubiese consultado a su médico de cabecera o de familia, todo se hubiera terminado con;

a: la sobrina buenorra está en estado de buena esperanza (le han metido un gol) y tendrá premio en los nueve meses siguientes.

b: la sobrina buenorra ha pillado el clásico virus indeterminado (es una pasa de esas que hay ahora), beba usted mucha agua, guarde cama durante unos días, dos gelocatiles y a correr.

...pero Mirela no vivía atada a los cánones de nuestra cultura, y si vivía atada a los cánones de la suya, por lo que, de forma casi inmediata, recordó la ocasión en que su abuela, y su propia madre, le contaron cierta historia sobre muertos que son capaces de abandonar sus tumbas por las noches y acceden a las casas de sus familiares para, llamando la atención sobre su estado, destrozar la salud de sus deudos o de sus animales domésticos.

..que no nos falte de ná, que no que no..

Independientemente de lo alegre de los cuentos que le contaban la madre o la abuela, que desde luego, tenían tela, se ha de tener en cuenta que la cultura popular de los pueblos perdidos de Europa del este, tiene otra forma distinta de entender la vida y la muerte, perpetuada de generación en generación, sin que los libros en las escuelas, los políticos o los sacerdotes se interpongan en su difusión, cosa que ya de por si, es envidiable. Tradiciones y costumbres que no se pierden, sean las que sean.

...curiosamente igualito que aquí, que también conservamos nuestras mas viejas tradiciones y aun seguimos masacrando animales a modo de festejo nacional, sin ir mas lejos, eso si, el tercer mundo son siempre los demás, nosotros nunca, y es que las comparaciones, suelen ser odiosas....en fin, que divago y me pierdo.

Volviendo al tercio que nos atañe, el asunto estaba claro; sobre todo para la tal Mirela Marinescu, que cuando comenzó a contar a sus allegados que por las noches veía la jeta del tal Petre y que este entraba en su habitación, con, a saber que intenciones, y que con una boca, no dos ni tres, una boca ensangrentada, le lamía la cara, terminó de ganarse la fidelidad y la credulidad  de los parroquianos a golpe de acojone.

 Después, contaba que cuando  despertaba anegada en sudor, las alucinaciones, para más INRI, no desaparecían.


Mirela Marinescu aka sobrina buenorra.


Contoles también la sobrina buenorra, que escuchaba pasos en el piso inferior y las maderas de la escalera crujían de manera siniestra, como cualquier escalera de madera que se precie, haciendo resurgir en su mente la imagen de aquella puñetera abuela, que a falta de un sálvame de luxe o similar tele-mierda que llevarse a la boca, cosía un calcetín, por ejemplo, sentada frente a la lumbre contándole como un familiar muerto, cuando no puede desligarse de las ataduras de este mundo, recurre de tan singular manera a sus parientes vivos para demandar ayuda, pero claro está, a su manera, la manera rumana de toda la vida; que no es otra que tocando los huevos a la concurrencia.

Huelga decir que en estos casos no hay golpes, niñatos guaperas, vasos que vuelan y se rompen, muebles que se mueven, tías buenorras, o no, que están en el mundo, únicamente para ser mordidas, y/o personas inocentes ajenas al no muerto, que se ven inmersas en un mudo sobrenatural de los vampiros. En estos casos, y según las tradiciones balcánicas, el difunto, se dirige a sus familiares minándoles la salud, incluso llegando a producirles la muerte a través de una o varias enfermedades más bien psíquicas (depresión, pánico, stress emocional…etc.). 
           
...y es que familia no hay mas que una.

Resumiendo, que la tal Mirela Marinescu cada vez estaba más convencida de que era el espíritu de su difunto suegro,  Petre Toma, el que le causaba todos aquellos síntomas para llamar la atención y pedir que le liberasen de este mundo, asegurando además, que lo había visto. Sobre todo, si cuando despertaba en plena noche de sus tétricas visiones escuchaba el escalofriante aullido de algún perro de la aldea. 

...que este que escribe, aun no sabe que tiene que ver un pobre chucho aullando  seguramente de frío, con el pobre Petre Toma y el papelón que le han endosado por tener la mala pata de morirse, pero en fin, yo continuo la historia y me limito a relatar.

Si analizamos lo relatado hasta ahora, no encontraremos nada extraordinario. El hecho de tener un bajón en la salud, incluso cierto grado de alucinaciones relacionadas con el ser querido, es relativamente habitual. Los psicólogos están acostumbrados a atender pacientes que acuden a sus consultas afirmando haber hablado con el ser querido o haberlo visto deambular por la casa.

Curiosamente existe un estudio en España donde las estadísticas demuestran que siete de cada diez viudas afirman haber percibido, durante las jornadas posteriores al entierro, a sus maridos paseando por el dormitorio; no así en los viudos, en que el porcentaje apenas alcanza el 20%. ...alguna explicación habrá.

Claro está que en las aldeas rumanas el tratamiento psicológico se aplica a base de lingotazos de vodka de garrafón,  mucho más efectivo y, sobre todo, mucho más barato, con el resultado añadido  de que, lo que a posteriori se relate…se da por cierto.

Así están las cosas en el pueblo, a solo 6 días pasados del sepelio del buen Petre, que entran en acción las fuerzas especiales del pueblo, es decir, los familiares, vecinos y amigos del difunto, que, hasta las trancas de mata-ratas y mas aburridos que el clavo de un calendario, deciden ponerse manos a la obra y aportar su particular solución al problema.

Convencidos estos, de que era su espíritu del pobre Petre, el que la estaba liando en el pueblo a ritmo de sarandonga nocturna y a costa de acojonar a la sobrina buenorra, se pusieron a repasar todo el ritual funerario del sepelio, tratando de encontrar donde habían podido fallar para que se creara aquel desaguisado y poder desfacer semejante entuerto; ¿Se habría olvidado el cura ortodoxo alguna oración? ¿Pudo alguien modificar la cinta que ataba sus pies o las agujas que protegían su alma? ¿Tendría alguno de los presentes alguna inquina inconfesable contra Petre? Hasta las trancas de Vodka como iban, día si, día también, obviamente, los SEAL, no dieron con la clave; así que, tras admitir que la memoria le puede fallar a cualquiera, aunque este sea un cura ortodoxo  y no hiciera otra cosa en su vida, mas que casar y enterrar a los parroquianos del vecindario, comenzaron a preparar el plan operativo para aplicar la destrigoización o desvampirización (en rumano, vampiro es strigu o strigoyu) y liberar al vampiro de sus ataduras y, que de paso, les dejase a ellos, a los vecinos, al perro que aullaba y a la sobrina buenorra, en paz, de una puñetera vez.

Aportando ideas y soluciones, hay que reconocer que los acólitos del difunto Petre, se quedaban solos. Unos abogaron por un ritual, según el cual, era necesario quemar el corazón del difunto (..hace falta ser bruto), otros aseguraron que era imprescindible cortar el cuerpo en dos pedazos (si lo hacemos lo hacemos bien), otros, los menos, recordaron como imprescindible el clavar una aguja de coser en el pecho del vampiro (..una aguja de coser???), alguno, recordó que lo más efectivo era una estaca de madera..etc.

Cada uno aportó su parte de ritual recordada, así que, para asegurarse la efectividad y hacerlo de manera democrática, decidieron aplicar al pobre Petre toda la parafernalia, independientemente del orden a seguir, así seguro que no habría error.

El plan estaba trazado, los efectivos listos y las armas cargadas, luego se retiraron a sus casas, en medio de una noche lluviosa y fría, mirando a su alrededor con temor. Se dice que aquella noche se escucharon gritos en las solitarias calles de Marotinu... que de ser así, seguramente serian los gritos del pobre Petre, de imaginar la mandinga que se le venia encima, a manos de la comparsa reunida en el bar un par de horas antes.

Otros aseguran que no escucharon nada en absoluto, aunque lo que no hemos de olvidar, digan lo que digan los habitantes de tan curioso pueblecillo, que los esporádicos visitantes alegan que en aquel pueblo, todo el mundo, casi sin excepción, ha perdido algo más que algún tornillo, por no decir que lo único cuerdo...son las cabras del establo.

La intentona para liberar de este perro mundo al espíritu de Petre se efectuó en la madrugada del 8 de enero de 2004. El comando de fuerzas especiales, para estos menesteres estaba formado por seis ciudadanos de Morotinu, encabezado por Gheorghe Marinescu, el sobrino, como no, del presunto vampiro, que tras meterse entre pecho y espalda medio litro del mata-ratas asqueroso que tienen a falta de un anís del mono, y armarse de azadones, horquillas, linternas, palos y demás tecnología de ultimísima generación, se dirigió resueltamente camino del cercano cementerio, no sin antes rechazar con un par de soplamocos a la alegre chiquillería que se había añadido al grupo y no se quería perder ningún detalle, de la barbarie que a costa del muerto y las tradiciones del lugar, iban estos a realizar en el cementerio esta tarde noche.


Este es Gheorghe Marinescu, comandante en jefe de las fuerzas especiales de Marotinu de Sus. Vista la imagen sus acciones ya no sorprenden tanto.



Este pobre hombre tan feliz es el tal Petre Toma antes de morirse, obviamente.



...y este es un señor que estaba allí y se hizo una foto.



Desde las ventanas, las viejas del visillo del pueblo, espiaban los movimientos de los valientes vecinos, mientras las más ancianas rezaban letanía tras letanía pidiendo protección a todos los santos de la corte celestial ortodoxa, del primero al último.

Algún que otro vecino de los menos valientes, o menos borrachos, o de los mas sensatos la verdad sea dicha, recordó que tenía que hacer algo ineludible en la aldea vecina y no se le vio en todo el día. 

Unos minutos después, en plena oscuridad, en medio de un silencio sepulcral, se dejó oír el estridente chirrido de la verja del cementerio.


Camposanto o cementerio de Marotinu de Sus. Eso de noche, acojona el doble.


Comienza el show.

Entre el tablón de vodka que llevaban a cuestas, y los chuzos de punta que caían aquella noche en el cementerio del pueblo, dos horas estuvieron los seis paisanos, a pico y pala, cavando en la todavía no compactada tierra hasta que el azadón de Gheorghe Marinescu topó con la madera del féretro. Que nervios!!.

Antes de decidirse a levantar la tapa del ataúd, dos de los presentes tuvieron que recurrir a un buen trago de una botella de vodka que asomaba impúdicamente del bolsillo de la chaqueta de uno de los valientes libertadores, y es que hay cosas, que mejor se resuelven “tajao” que sereno.  El momento clave había llegado. 

Con sumo cuidado Gheorghe Marinescu levantó la tapa, y seis pares de ojos inmensamente abiertos juran perjuran y perjurarán, que el cadáver del viejo Petre no estaba en la posición en que fue enterrado. Estaba de costado como si de un sofá se tratase...como viendo la tele vamos, con la cabeza vuelta dirigiendo la mirada de sus  ojos abiertos a los asustados libertadores, y los inmaculados zapatos con que había sido enterrado, aparecían cubiertos de barro. 

Tonto el último.

La desbandada fue inmediata. A ritmo de pies para que os quiero, los seis "marines" abandonaron al inquilino de la fosa, más seco que la mojama, en su pequeña “parcela”, y tras dejar abandonadas las herramientas, armas láser y linternas junto a la abierta tumba, no tardaron ni seis segundos en llegar a sus casas y ocultarse en los rincones más insospechados de sus hogares. 

No se donde he oído yo que el mundo, lo hacen los valientes.

Por supuesto, aquel día cesó toda actividad en Morotinu de Sus; sólo un labrador despistado recorrió sus calles de regreso, según él, de las faenas del campo y no del bar, y tuvo la mala suerte de toparse con el vampiro, que le preguntó si sabía lo cobardemente que se habían comportado sus paisanos.
El labrador, recordando aquello de que a las mujeres, a los borrachos y a los vampiros no hay que llevarles la contraria, se limitó a contestar, que parecía que hacía fresco aquella tarde, y aceleró su paso para esconderse en el fondo del pesebre para las cabras. Mira que hay sitios. En fin.

Aquella noche Mirela Marinescu volvió a soportar la presencia del vampiro que atronó la aldea con risotadas y criticas despectivas hacía los seis valientes que deberían haber sabido liberar su alma. 

Encima, con cachondeitos.

Pero mira por donde, ese fue el error del vampiro Petre Toma. El cachondeito a costa del vecindario.

Nadie se ríe impunemente de los maridos de las rumanas, a excepción, claro está, de las propias rumanas.

Así que cuando a la mañana siguiente Mirela Marinescu contó que el vampiro se coló nuevamente en su habitación descojonandose de la "valentía" de los hombres de la aldea, las mujeres sacaron a alpargatazos de sus escondites a los seis paisanos, les dieron a beber vodka (esta vez un litro por cabeza), y cuando advirtieron que el alcohol comenzaba a hacer efecto, ellas mismas les facilitaron las herramientas y los pusieron en la puerta con la advertencia de que no volverían a pasar ese umbral si no terminaban correctamente con su misión. 

De nuevo los rangers de camino al camposanto, bañados en vodka del barato. El comando se encaminó con decisión y con una galleta del catorce, patrocinada por el vodka de garrafón ingerido, en dirección al cementerio, y tras volver a disolver a bofetones a la chusma infantil que nuevamente se les había añadido (esta juventud.. no aprenden nunca), se plantaron ante la tumba abierta el día anterior. 

De nuevo fue Gheorghe Marinescu quien toma la iniciativa, y esta vez hunde con fuerza la horquilla sobre el pecho del finado. A continuación, la retahíla de golpes, mazazos, bastonazos, estacazos, hachazos..etc, que recibió el que en vida fue el pobre Petre Toma, fue épica.

“No fue fácil”, cuenta Gheorghe, sobrino del difunto, cual futbolista entrevistado a la media parte de un partido. “Tuve que hacer mucha fuerza para traspasarle; incluso me tuve que ayudar con el pie, pero conseguí quebrarle las costillas. Luego saqué el corazón y lo pinché como una albóndiga”. 

Solo le faltó hablar del mister. En fin.

No terminó aquí el rito de destrigoización. Una vez arrancado el corazón los libertadores hicieron un descanso y se trincaron otra botella de vodka cada uno para celebrar el éxito conseguido. Luego hicieron un gran fuego en un cruce de caminos y echaron el órgano a las llamas. Poco tardó el corazón en carbonizarse y convertirse en cenizas. Ya solo faltaba espolvorear las cenizas en un recipiente con agua y darlo a beber a toda la gente de la aldea (esta vez los chavalillos estaban incluidos). Menuda farra!


Todo había acabado felizmente. Los vecinos de Marotinu de Sus habían cumplido con su obligación a pesar de la “espantá” inicial, las mujeres se habían tragado su desplante, la chiquillería había participado en la “fiesta”, Mirela había sanado y Petre había salido disparado a enfrentarse con el juicio final, con abogado de oficio. Las cosas volvían a su naturaleza y la vida en Marotinu de Sus seguía su historia con los únicos problemas que habitualmente se dan en el mundo de los vivos. Todo parecía perfecto, el sol salia de nuevo, los pajarillos cantaban, las flores...florecian, la música subia de volumen... hasta que, y hablando de flores, entró en escena Florea Cotorán, hija del difunto Petre, residente desde hacía bastante tiempo en la ciudad de Craiova, y por lo tanto, ajena al pitote montado en su aldea natal en torno a la muerte de su padre. 

Cuando Florea tuvo conocimiento de la sarracina montada por sus paisanos, y en particular por sus parientes directos, montó en cólera y en menos que tarda en desaparecer un caramelo en la puerta de un colegio, se presentó en Marotinu de Sus. Los pájaros dejaron de cantar, la flores dejaron de...florear, la música bajo de volumen y el cielo, se nubló. Apenas tuvo delante al sorprendido Gheorghe Marinescu, le sacudió tal sopapo que le sacó, de manera inmediata, de la resaca de vodka del día anterior. Después anunció la intención de denunciar los hechos a las autoridades competentes. Cosa que, por supuesto, hizo.


Por supuesto que trataron de convencerla de la obligación moral que tenían de haber realizado el ritual ¿acaso aprobaba que su padre quedase atado al mundo de los vivos para toda la eternidad? ¿ Debían permitir que el difunto, campara a sus anchas por el pueblo a ritmo de susto y mordisco, y encima con la sorna del cachondeito, hasta que las ranas criaran pelo?, ¿Qué otra cosa podían hacer? ...,pero no hubo manera de convencerla; Florea continuaba decidida a liarla judicialmente. 

...al menos alguien en esta historia, de momento, tiene dos dedos de cordura.

...de momento.

Las criticas hacía la urbanita no tardaron en extenderse por la aldea. ¡Claro! Una mujer que ya no hace caso ni recuerda lo que la enseñaron sus mayores. Una mujer contaminada por el progreso capitalista y consumista. ¿Cómo iba a entender el acto de caridad que se habían visto obligados a realizar sus convecinos? 

Pocos meses después comenzaba un proceso contra los seis hombres que participaron directamente en el vampiresco circo, y que no llegaban a entender, o al menos no compartían los motivos de su detención. 

Durante el proceso, la prensa nacional, y la internacional en menor medida, se hicieron eco del suceso. El profesor Constantin Balaceanu-Stolnici, último descendiente de Vlad-Tepes, mas conocido por el populacho como Drácula, haciendo gala de un olfato para ganar pasta digno de los Rockefeller, alcanzó gran notoriedad y aumentó sus ganancias, debido a la gran cantidad de conferencias que tuvo que prodigar, por, prácticamente, toda Europa.

Como siempre, la prensa sensacionalista se inventó una historia paralela en la que, poco más o menos, en Marotinu de Sus, los habitantes vestían todos con la típica capa que aparece en la iconografía de Drácula y andaban revoloteando todas las noches por los tejados de la aldea, como si no tuvieran otra cosa que hacer, que andar dando brincos noche tras noche, con un frío del demonio, y a riesgo de darse un costalazo de padre y muy señor mío, con el único y no remunerado fin de emular al héroe nacional del país, que, mire usted por donde, de golpe se había puesto de moda.

...que la verdad sea dicha; conociendo a los paisanos del pueblo, tampoco hubiera sido algo de extrañar.

Pero las alarmas de verdad, sonaron a los pocos días del comienzo del juicio; justamente cuando Florea Cotorán, hija del difunto Petre Toma, subió al estrado para declarar que no había denunciado a sus familiares por profanar la tumba, acción con la que estaba de acuerdo, sino por haber practicado un ritual con el que no estaba de acuerdo.
En los juzgados no daban crédito a sus oídos. Aquella mujer jamás dudó de que su padre se hubiera convertido en un strigoi, (vampiro en rumano) ni tampoco dudaba de las febriles alucinaciones de su prima política, la buenorra, Mirela; el problema estaba en que el ritual de liberación que ella había aprendido de la madre del propio Petre Toma, es decir, su abuela, no incluía parte del ritual que los seis aldeanos habían empleado con el difunto, y por tanto, consideraba que su padre seguía muerto y anclado al mundo de los vivos, y ella no podía realizar “su” ritual al haber arrancado y quemado el corazón de su padre. 

...es decir, que si, que mi padre se convirtió en vampiro, eso no lo dudo, pero lo habéis matado mal y ahora queda por los siglos de los siglos, entre pinto y Valdemoro, por eso os denunció.

Con dos cojones, a tomar por culo los dos dedos de cordura.



Florea Marinescu, sobrina de Petre Toma (a decir verdad, me la había imaginado de otra manera..).


Finalmente, el juicio, se supone se declaró nulo. Pero eso no lo cuentan.


Cementerio de Marotinu de Sus durante el juicio


reconstrucción del destrozo realizado en la tumba de Petre Toma.


Y esta, mis queridos, es la historia del último vampiro de Europa, del cual no se sabe si aun ronda por ahí o no, después de la carnicería mal practicada por los impresentables acólitos del difunto. El creérsela o no, ya es decisión de cada uno y de la calidad del vodka.

Yupi!


CarlosB.

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